De la ciudad que consume a la ciudad que produce

Publicado en Natu nº 2, Diciembre 2017 – Febrero 2018

Buenas noches, tapia, yo no te despierto. El tiempo vendrá en que te derribarán, te llenarán de codiciosos anuncios comerciales, pero entretanto aún estás ahí, aún eres bella y callada y me gustas.”

Herman Karl Hesse. Fragmento de El lobo estepario.

NicolasNatu2

Nicolás Urquiza

Érase una vez una ciudad que producía alimentos, energía, herramientas, ropas, útiles, conocimiento, organización social, alegría, compañerismo y cooperación a raudales. Érase una ciudad invisible que quería ser visible. Érase un idilio de ciudad. Érase el amor hecho ciudad.

Érase una ciudad donde sus gentes se sabían en la riqueza y sentían la riqueza emanar desde dentro de cada cual hacia todas las personas y todo tipo de seres y lugares. Érase una ciudad donde cada ciudadana (persona antes que otra cosa) aportaba, sumaba, construía, hacía, ofrecía… sabiendo que el resto hacía lo mismo, a su ritmo, según sus deseos, habilidades, sueños…

Érase la riqueza surgente aflorando en cada ciudadana, cada rincón, cada órgano de la ciudad.

Atrás quedó el tiempo del consumismo, de la devoración de recursos, energías, culturas, seres de toda naturaleza y por supuesto personas. Atrás quedaron los anuarios, las publicaciones, las webs oficiales y toda la parafernalia mediática y gubernamental que ofrecían y demostraban con datos, interpretaciones, gráficos, imágenes… las apabullantes conclusiones de autoextinción de viejas civilizaciones alocadamente depredadoras (re-interpretando y por tanto despreciando y manipulando la verdadera lógica de la predación natural que en los ecosistemas existe).

Ahora era (¡es!) tiempo de vivir y hacer la ciudad que produce.

El ecosistema urbano fractal, inserto entre otras escalas sistémicas (desde mi interior y mi espiritualidad y visión del mundo hasta lo universal y lo infinito que seamos capaces de conocer o imaginar) que genera energía en vez de exigirla sin medida y derrocharla; que produce todo tipo de útiles precisos para la calidad de vida y recupera el 100% de los mismos en vez de consumir la tierra y todo lo vivo que hay en ella; que crea personas que se autoresponsabilizan de sus vidas y crecen literal y metafóricamente desarrollando todo su potencial singular al servicio de la comunidad; que crea culturas de paz y cooperación, dando valor a las diferencias y singularidades de cada cual (incluso en su forma de pensar y ver el mundo); que genera formas de organización social que acogen las diferencias y los conflictos, estimulan la creatividad y el arte, y generan formas de autogobierno que buscan el bien común.

Érase una ciudad…

José Luis Gracia Calvo

Surgencia UpWelling Social

 

 

 

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