¿Puede la ciencia marina jugar un papel geoestratégico para afianzar la soberanía nacional en emplazamientos costeros aislados?

Una pequeña reflexión para amenizar esta tarde de verano…

Conferencia de Juan Luis Súarez de Vivero (Universidad de Sevilla): Las aguas territoriales en el Estrecho. Delimitación de espacios marítimos entre España y Marruecos. Instituto de Estudios Ceutíes (noviembre, 2020).

En el tablero de ajedrez de la vida, cada día descubro nuevas posibilidades (al verbo descubrir subrayo que antecede el “yo” descubro, porque no voy a desvelar nada nuevo para muchas personas).

En la complejidad de trazar y fijas la territorialidad de las aguas costeras y marinas en un entorno tan pecualiar como El Estrecho de Gibraltar, juega como si un caballo se tratara, la gestión y desarrollo de las ciencias del mar en territorios aislados en la otra orilla.

Me refiero, desde el punto de vista español, a los territorios parcial o totalmente deshabitados que, sin actividad económica propia en su caso (como supongo que se pueden considerar la mayoría o algunos de ellos), nos encontramos jalonando la costa africana desde Melilla hasta Ceuta (Islas Chafarinas, Peñón de Vélez de La Gomera, Peñón de Alhucemas, Isla Perejil o Leila).

Juan Luis Suárez de Vivero, en la conferencia que compartimos en este post (organizada por el Instituto de Estudios Ceutíes), además de dar un profuso y completo repaso a cuestiones propias de la aplicación del derecho del mar a la jurisdicción en el caso concreto del Estrecho, arroja algunas pistas y prácticas que no por menos legales o aceptadas que sean, dejan de sorprenderme.

El establecimiento científico en asentamientos no habitados puede servir como argumento jurídico para consolidar la soberanía nacional en territorios costeros exclavados.

Entiendo que, por ejemplo, este es el criterio que se podría aplicar para no dar lugar a dudas de la soberanía nacional española en la Isla de Perejil (sobre la cual no es que yo tenga dudas, es que Marruecos la discute). Si es que claro, ecológicamente estuviera justificado (que ecológicamente sea un lugar valioso no me genera dudas), materialmente fuera viable (una ocupación convencional no creo que lo sea) y económicamente fuera asumible (lo que me genera dudas).

Es sólo un ejemplo, tan bueno como malo, de lo que significa apliar el citado criterio. Esto hace por ejemplo, que la Isla de Alborán y su entorno marino se salgan fuera de toda disputa, o al menos reciba una especial protección territorial en dicho sentido. Añado que no discuto ni un ápice el valor ecológico y el valor de los trabajos científicos en el entorno de Alborán.

Conocer esta práctica (usada por muchos países) me ha generado, sobre todo, una gran tristeza como ser humano:

que la ciencia pueda ser usada como mero instrumento al servicio de las políticas territoriales me parece una falta de respeto, a la Ciencia, a la Naturaleza y a la Humanidad.

Ahora veo con otros ojos el hecho del despliegue científico internacional en lugares como la Antártida, que si bien siempre me generó cierta suspicacia, ahora se me desvela casi o más una política de ajedrez global que una misión científica internacional y pacífica. Ya sé que el caso, jurídicamente hablando, no admite comparación, pero oiga, en el patrón geoestratégico… ¿no viene a ser “lo mismo”?

Jose Gracia y Calvo

Fundador de Surgencia UpWelling Social

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